Adelante, en medio del bullicio urbano,
un campesino atormentado,
pide un peso
para alimentarlo.
Al costado, un niño de 5 años
con el rostro seco
y los ojos enlagrimados,
espera el peso
que acabará el lamento
de su padre desesperado.
Al otro lado, separada por la avenida,
me encontraba observando
aquella escena cotidiana, pensando
lo diferente que son nuestras vidas,
buscando el mismo peso:
para algunos es la vida,
y para otros, solo un centavo.
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